jueves, 25 de abril de 2013

Seguir




No te calles ahora que sabes mi nombre, 
si también sabes gritarlo. 
No te rasques la cabeza con mi disparidad, 
que no hallo consuelo en ello, en aquello, 
en todo lo que me libra a ser distante, 
en la distancia que me has dado.

No empieces con tus cánticos de luegos y demases, 
ni con los de demasiados, que ya no los sé apreciar. 

Hoy llueve y no he ido a comprobarlo 
a ninguna esquina. 
Ni siquiera a aquella en la que solíamos encontrarnos 
para hablar de quién sabe qué otros rumbos. 
No recuerdo, mucho llanto ya ha pasado,
y me nubla la visión en las memorias, 
que ya de por sí eran borrosas, 
pues no las he alimentado. 

Sólo sé que me sabes a un café nunca tomado,
a un poco de poesía, y un helado.
A los árboles, sus hojas que caían.
A aquel viejo empedrado...
y porquerías. 


Ciertas máscaras




Siempre habrá algo nuevo que me motive a seguir
por más que todo alrededor parezca siempre cerrado
encerrado entre la bruma de mis propios pasos. 

Siempre hallaré instantes para verte reír
aunque no lo hagas en palabras como antaño,
aunque ya en la multitud te aparezcas borroneado.

Siempre querré estar donde nadie deseó ir
por más que me hipnotiza todo lo acomodado
lo que sin comenzar ya ha sido terminado. 

Siempre habré de aparentar no sufrir
por dentro a veces siento que mil veces me he quebrado
pues lo que doy siempre habrá de parecerme en vano.

Por lo que resta, nunca dar la espalda, o huír. 
Porque eres déspota desde que te he resucitado,
pero nunca comprendiste que es lo único 
que me mantiene a tu lado.