lunes, 30 de enero de 2012

La mort peut rire





Un ser desconocido centellea en una ráfaga
de oscuridad lejana. 

Quietud equidistante, 
descolorida ciudad que naufraga
en lágrimas de propios mares. 

El aire se torna pesado,
se siente en los hombros.

Un ave afortunada ondea sus alas
allí donde aún algo queda. 

En el muelle, sobre el agua estancada, 
se abren eternas heridas;
sangran negras alabanzas. 

Un vagabundo se acerca
me trae la noticia:
¡Carajo! ¡Que se enamoró la Parca!



domingo, 29 de enero de 2012

Refugio subterráneo*

*(Subterfugio)




Tu ínfula ínmunda
tu sátira prófana
vacía tu cúello de álivio ínfimo. 

De sólidas rócosas paredés tu féretro.
Reclúidos al púlpito
tus trófeos tan díspares. 

(Disipas bondades tan bóndades diáspora)

De ignórados róstridos prófetas
(los cáidos)

Prostítutas vagan, putónidas
allí donde moras. 
(y grosellas)


Picnic en Birmania


(o la fábrica de sweaters de lopongo y alpargatas en bebéramos)





Andan diciendo que se te ven los párpados
pero yo te los toco. 

¡Qué loco estás! ¡Qué loquito!
Te lo quito y te lo pongo
el sweater, porque hace frío, desgraciado. 

No vaya a ser que pesques un resfriado
mientras yo pesco
una tararira.



sábado, 28 de enero de 2012

Sirenidad



Desidia y al mar. Caricia
luminosa, estrtosférica, 
cúbica y a la vez esférica. 
Voluptuosa.

Irrevocable raíz del mal que osa
sostenerse en pesadillas. Tan sólo
es una estatua silente de hierbas cocidas
y algo de incienso, pero poca sal
e igual piedad. 

Aroma de aquellos que se dan importancia
jugando entre las sombras amarronadas
con las manos violentas. 

Somos yo y mi tabaco de café. 
Yo primera, pues soy yo quien lo ha fumado. 
Acaso él me consuma
si en su humo
ya no veo más que rostros 
con heridas de espadas de tinta 
vieja y sucia. 
Rostros sin rima. 

Ojos siniestros que son sueños despiertos
de la muerte de todos los elementos. 

Yo quise construir con ellos
una morada que tuviese vista al mar
así las olas me ahogaran los ojos
que igual serían salados
no como aquella estatua que eras, allí parado
mirándome desde la infinidad.